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viernes, 28 de agosto de 2009

Jornadas de pesca en Asturias, inolvidables.

OTRAS HISTORIAS DE PESCA


Pescando en el Sella y el Narcea con Roberto Coll y Luís Meana o lo que es lo mismo, con los creadores de las “Palomino” y “el pardón de Meana

Sólo faltó el francés Guy Roques y la pesca en el Cares.
Amistad y pocos reos, aunque abundaron esguines de salmón y truchas.

Piedras, moras y avellanas de recuerdo en paisajes únicos.

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Texto y fotos: Eduardo García Carmona, Daniel González y Beni Sánchez
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No. No es “oro todo lo que reluce”.
Esta historia la debo contar “sin pelos en la lengua”, aunque con pasión de pescador.
Me satisface sobremanera el haber podido pescar, este verano en Asturias, con dos grandes en la confección de moscas, buenos pescadores y mejores personas: el valenciano, Roberto Coll, y el madrileño, aunque asturiano de adopción y familia, Luis Meana. Sólo faltó a la cita el francés “españolo”, Guy Roques “el mosque
ro andante” quien, con Jordi Oliveras, tenía cita en el Festival-concurso del Reo de Cornellana. Otra vez será, pero seguro que con el río Cares por medio.
Con la sinceridad que me caracteriza, debo confesar y confieso que ninguna de las dos jornadas fue buena en pesca, pero excelente en la amistad y conocimiento.

EN VISPERA DE LA FIESTA DE LAS PIRAGUAS

La visita al Sella estaba prevista para el 8 de Agosto, víspera del Descenso del Sella. Las piraguas nos la jugaron en la carretera especialmente. En el río elegimos pescar por encima de la localidad de Caño, a pocos kilómetros de Cangas de Onis, concretamente a la altura del pueblo de Miyares, en el Coto salmonero de Matagües, ese invento que han llamado, desde esta temporada, cotos parciales. Claro que no fuimos a pescar salmón, si no a pescar reos y truchas.
La jornada se inicio unos metros antes del puente de Cangas de Onis. Había que saludar a Ramsés y Kiko, aunque sólo el primero era el único, de los dos regentes de la tienda de Pesca “El Gordo”, que se encontraba en el establecimiento, trabajando. Un comercio dedicado a la pesca desde hace muchos años y centro de precintaje de salmones.
Después del saludo a Ramsés, carretera adelante por la avenida de Castilla, hasta llegar al destino señalado de antemano.
El día estaba nublado y parecía que llovería, pero no, no llovió, aunque algo chispeó.
Nada más salir al Sella, que baja hermoso de agua y colorido, Roberto se queda en un brazo del río y yo elijo un regato o brazo pequeño que salía de la arteria principal de agua. Dos primeros lances y dos reos. El comienzo no podía ser más prometedor. A mi me parecían truchas pero, aunque de poco más de 25 centímetros, eran reos. La mosca empleada era un pequeño tricóptero con cuerpo verde oliva, cerco rubión y tejadillo flor de escoba.
Roberto, no terminaba de estrenarse, pero yo no volví a sacar algo más, hasta pasada media hora. En ese momento lo que entraban eran pequeños esguines de salmón.
Por fin, Roberto, comenzó a estrenarse en el Sella. Un lance y un esguín. Él creía que era trucha. Otro lance y otro esguín de salmón. Así estuvo durante más de una hora sacando pequeños esguines que disfrutó como pocos. Su satisfacción era mayúscula por doble motivo: sacar pequeños salmones en el Sella y por estar rodeado de una naturaleza sin par, bella y hermosa, con montañas rodeándonos, nubes en lo alto, niebla en la montaña y un verdor único, el verdor de Asturias.
Tras conseguir varios de sus trofeos con su mosca favorita, su propia creación, un montaje especial llamado “Palomino”, con cuerpo color salmón y una especie de cola plástica quemada, y conseguir ver algún reo de los de campeonato, pero saltando, decidimos salir del este río repleto de de “trasgus” y “xianas”, de historias y leyendas.
Antes, Roberto Coll se llevó una pequeña piedra del río Sella para su colección. Si, sí, Roberto, colecciona piedras de todos los ríos que ha pescado en España y fuera de nuestro país. A este paso su esposa acabará lanzándoselas o a la cabeza o a la basura, es broma, pero creo que no le van a coger en casa.
Una buena merienda en un bar de carretera, en Caño, y tras dejarle en Cangas, nos dirigimos mi querido, Daniel González Armas, testigo y fotógrafo de lo acontecido en la jornada. El canario y yo, nos fuimos para Perlora, donde estábamos de vacaciones. El verdadero problema fue cruzar Arriendas con las miles y miles de personas que se apostaban a un lado y otro de la carretera en tiendas de campaña o en coches y furgones, con la alegría de la fiesta dentro. La fiesta de las piraguas comenzaba a estar presente, pese a que la lluvia calaba.

Con Luís Meana y su pardón en el Narcea, por encima de Puente Quizanas, en el Zarro y el campo de fútbol de Cornellana, próximos al Monasterio de Corias, en los Kiwis y Marcel.


No conocía a Luís personalmente y la verdad es que es un encanto.
Dos libros, el de los cotos y pozos salmoneros de Asturias, del que es autor él, y el de “Dónde y cómo pescar en León”, cuyo autor soy yo. Dos libros que nos hemos intercambiado y que nos han unido en la distancia larga y cort
a.
Todo comenzó en la distancia larga, vía teléfono. Quedamos en Asturias para ir a pescar un día al río Nancea. El día elegido fue el 25 de Agosto.
La distancia corta comenzó el día que nos conocimos en persona. Fue ese 25 de Agosto, a las ocho de la mañana, en el bar restaurante La Vega, próximo a la localidad de Peña Ullán, en dirección Soto del Barco a Pravia. Nos acompañaba mi buen amigo Benigno Sánchez, Beni, que fue el testigo de la jornada y fotógrafo.
Tras los saludos y un café, nos dirigimos a Puente Quinzanas para ver como bajaba el río Narcea. El estado no podía ser mejor con buen caudal, buena temperatura, sobre los 20º que llegó hasta los 24º a lo largo de la jornada, con cielo cubierto y amenaza de agua. Sólo faltaba que los reos se pusieran a tiro y entrasen a nuestros engaños.
Dejando el coche al lado del campo, y mientras Luís terminaba de confeccionar el bajo de su línea, Beni, a mosquito ahogado, ya había cogido camino hacia el río, saliendo yo al poco rato. Cuando llegó Luís al tramo, me encontraba en medio del río pescando unas raseras donde había conseguido pinchar un par de truchillas. La orilla de allá tenía un aspecto sensacional. Hacia allí me dirigí mientras Meana se situaba en la tabla superior a la mía. Conseguí pinchar otras tres truchas más y sólo pude sacar una de unos 20 centímetros, devuelta al agua. Los reos no aparecían.
Subimos los dos hacia el pozo “El Regato”. Allí, una hermosa tabla con entrada y salida en el pozo, y un buen árbol presidiendo. Desde la orilla, en la parte inferior de la tabla, comenzamos a ver los primeros reos. Uno, dos, tres … nos enseñaban las colas. Estábamos nerviosos, ansiosos. Los salmónidos repetían sus movimientos. Me quedé al final de la tabla donde uno de los reos continuaba “pavoneándose” frente a mí, a unos tres metros de unos árboles caídos que había en la orilla opuesta. Luís, se fue a por los otros que se movían más arriba.
Con sigilo, mucho sigilo. Sin prisas y pisando el agua con mucho tiento me fui acercando a la zona donde el reo seguía enseñando su cola. Parado a unos diez doce metros, observaba las evoluciones de la postura del pez. Me decido a soltar cola y a mover la caña. Primer lance y nada. Segundo lance y nada. Cambio el pequeño tricóptero con el que siempre comienzo a pescar y que tan buen resultado me da y coloco la “irlandesa”, mosca que me regaló Manolo Caneda y que trajo en uno de sus viajes de pesca a aquellas tierras, en la que tengo depositada mucha confianza. Tampoco. El reo subía, se movía pero no a la mosca presentada. Cambié a “La Palomoino” de Coll. Tampoco. Al final el reo desapareció y desistí en su persecución. ¡Qué listos son!
Por encima, Meana, tampoco conseguía su propósito.
Mientras él subía aguas arriba, me quedé observando la zona donde estaba pescando en “El Regato”, frente al árbol y de repente un “obús” sale del agua y se eleva unos dos metros por encima para volver a caer en el Narcea. Era un hermoso reo saltarín que había salido a ponerme los dientes largos. La estampa fue maravilloso pero, sólo fue estampa pues el reo no volvió a repetir y ni siquiera moverse o enseñar la cola.

CAMBIO DE ESCENARIO

Sin haber conseguido el objetivo marcado ninguno de los tres, partimos hacia El Zarro.
Los coches los dejamos en el Puente Quinzanas, junto al refugio, y caminando por un sendero, al otro lado del puente, nos acercamos hacia El Zarro.
Por el camino, que se cerraba por tramos merced a las sebes laterales, fuimos degustando unas moras deliciosas, dulces, gordas y negras.
En la zona baja de El Zarro, en una tabla con una caída sensacional, avistamos los primeros reos. Parecía que nos estaban esperando. Se estaban cebando y repetían continuamente. Como las cebadas estaban distantes unas de otra, mientras yo me quedé en la zona baja con uno, Luís subió por la orilla, unos metros, hasta tener a su alcance a otro par de ellos. Tampoco. Nuestras moscas no les gustaban a estos “príncipes del río”.
Aburridos estábamos con los reos, aunque tanto Meana, como yo habíamos pinchado alguna trucha e incluso Luís consiguió sacar más de una, que cuando se clavaron creíamos que eran reos por los saltos que daban. Aburridos estábamos y con Beni esperándonos para ir a comer que, Meana me dijo que nos acercásemos hasta La Cabrera, una tabla por encima de donde estábamos. Allí fuimos y nos quedamos observando el río. No se movía nada, tampoco había postura, como casi en toda la jornada. De repente suena el móvil. Es Beni, preocupado por la tardanza. Si primero le decimos que vamos, primero vemos el dibujo de los redondeles en el agua. Eran tres salmónidos que estaban subiendo a comer. Dos de ellos en la zona izquierda de La Cabrera donde estaba observando Luís. Otro, algo más arriba, donde estaba yo.
Curioso, Meana consigue pinchar y sacar el primer reo. Bueno, el salmónido al final no era reo, aunque sí una buena trucha. Pinchó el segundo, pero se destrabó. Meana se quedó conmigo, observando el reo que me tocó pescar. Seguía cebándose pero no tomaba mi mosca. Decido volver a poner “La Palomino” de Coll y, en el primer lance sube y la toma. Al grito…¡ya está!, mirando hacia Meana, el reo o lo que fuese, tras chapotear en defensa del hierro clavado, se retorció por encima del agua hasta destrabarse.
Así pasó la jornada y llegamos tarde a comer pero conseguimos comer en mesa y mantel, aunque por el camino a Puente Quinzanas, donde estaban nuestros coches, cogimos unas buenas avellanas, casi maduras, y llenas muy llenas. Estaban deliciosas.
Y hasta el año que viene Don Luís, caballero del Pardón, su pardón específico.

3 comentarios:

pacopescador dijo...

Felicidades por esos maravillosos días en tan agradable compañía compartiendo vuestra más grande pasión y, un abrazo para todos.
Pacopescador.

CARMONAPESCA dijo...

Faltaron muy buenos amigos, entre otros tú Paco.
¿No crees que deberíamos juntarnos en un campamento estival el próximo año?
Sólo es proponerlo y "enganchar" una semana en Asturias, Cantabria o Castilla y León, juntándonos diez o doce amigos amantes de la pesca y alquilar una casa Rural.

Lo propongo.

Un abrazo.
Eduardo.

CARMONAPESCA dijo...

Faltaron muy buenos amigos, entre otros tú Paco.
¿No crees que deberíamos juntarnos en un campamento estival el próximo año?
Sólo es proponerlo y "enganchar" una semana en Asturias, Cantabria o Castilla y León, juntándonos diez o doce amigos amantes de la pesca y alquilar una casa Rural.

Lo propongo.

Un abrazo.
Eduardo.