Ahora y siempre...¡¡¡PAZ, AMOR Y BUENA PESCA...!!!

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sábado, 21 de julio de 2012

Pescando cangrejos en el Cea...

Una jornada de reteles, amistad y buenos bocatas con Roberto Canuria y José Luis Méndez

Más de 100 cangrejos señal, alguno de buen tamaño, aunque la tormenta los ahuyentó a última hora

Ni la guardería del río, ni el SEPRONA hicieron acto de aparición

Ante la inminente promulgación del nuevo Real Decreto de Especies Invasoras, la Junta pretende exterminarlos pero ojo…

El Cea bajaba un poco alto.
… los cangrejos no se pueden transportar vivos

Las denuncias abundan por este motivo
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Texto: Eduardo García Carmona. Fotos: José Luis Méndez
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No, no he estado pescando cangrejo señal en el río Cea, pero como su hubiese estado.
Ahora con el WatsApp y el envío de fotos, menos comiendo el bocata y tomando un vaso de vino, he estado con los dos protagonistas de esta jornada de pesca, en el río Cea, a la altura de la población del mismo nombre.
Como me conozco la zona al dedillo, les informo que, mis amigos, después de pasar el puente sobre el río Cea, dirección Bustillo, se metieron por el camino rural o de concentración que existe a mano derecha, hasta llegar a la zona del puente y donde el Cea recibe las aguas de una especie de arroyo que suelen ser aguas sobrantes de riego.
El río ha cambiado bastante su curso con respecto a hace unos años. Ya no existe aquel “baile” de coches de pescadores con sus reteles para pescar en el acotado de Cea, que así se llamaba, todavía, el año pasado, siendo uno de los favoritos de los “cangrejeros leoneses”, coto difícil de conseguir si no se tenía buen número en el sorteo. Ahora, no hace falta ni acudir al sorteo de cotos de cangrejo ni nada por el estilo. Ahora, es el momento de “terminar con todo”, ha anunciado la Administración, sin querer. Hay que terminar con las especies invasoras y el cangrejo señal, aunque introducido por la Administración en la época de Jaime González, como Jefe del Servicio de pesca en León, haciendo pruebas en el Pantano de Riaño, primero, y después en casi la mayoría de cuencas. Aquello, que se mantuvo en secreto un par de años, pronto se supo, por la mayoría de pescadores, una vez que lo publiqué en el Diario de León. Parecía la panacea para conseguir que el cangrejo autóctono de nuestra tierra, volviese a los ríos, después de la enfermedad que casi lo extermina, mejor, que los exterminó salvo una pequeña población que puso a buen recuado la Administración, en Riosequino, siendo custodiados día y noche. ¡Qué cosas…y ahora quieren exterminarlo del todo! Esto es una locura pero, es realidad.

LA PESCA

Lo dicho, mis amigos José Luis Méndez y Roberto Canuria, decidieron este fin de semana acercarse hasta Cea a pescar cangrejo señal y se llevaron, además de los reteles, unos buenos bocadillos que les preparó, en Trobajo del Camino, la señora madre de Roberto.
A pie del río Cea y con buena sombra bajo los alisos y otros arbustos de ribera, sacaron sus reteles, la nevera, las sillas, una mesa y…a trabajar.
Con los dos integrantes de la excursión de pesca de cangrejo he compartido momentos de felicidad, en circunstancias parecidas, tanto en el Cea como en el Vaderaduey, en la zona de Villasanzo, y les puedo asegurar que salir al cangrejo, además de un rito, es la mejor manera de divertirse entre amigos, en plena naturaleza. Te da tiempo a disfrutar del sonido del agua, una pura sinfonía para el oído. Conversar sobre temas que no se tratan en la barra del bar o en la oficina. Recordar a quienes no están y sí estuvieron en otras jornadas. Observar la naturaleza con especial predeterminación por lo que ocurre en el río y, claro, si encima se ceban algunas truchas ya es la “repanocha”. Son momentos de relax en compañía, muy grata compañía, incluso, el canto de los pájaros suena a celestial. Se respira tranquilidad y, curiosamente, existe muy poco movimiento con respecto a otras jornadas de pesca cuando el tramo del Cea era acotado de cangrejo señal.
La zona elegida de pesca es conocida de los dos y, donde más corriente arrastra el Cea es, curiosamente, la mejor en capturas, como cuando era tramo acotado.
Desde las 15,30 horas hasta las 18 horas, más de cien cangrejos, algunos de buen porte y con sólo cuatro reteles para los dos.
Hablo con ellos por medio de mensajes en el WhatsApp y me comentan que no se están dando bien pues, hace un par de temporadas era llegar al coto, poner los reteles y en cada uno sacar más de 20 o 25  ejemplares. Ahora, decía José Luis, como mucho seis o siete, en el que más.
Roberto Canuria, mientras José Luis actuaba en el río, sacó los “tremendos bocatas” de tortilla con huevos caseros y con pimientos que, yo que los probé en alguna ocasión, doy fe de que son únicos, y cómo están de sabrosos y jugosos. UN DIEZ PARA LA SEÑORA MADRE de Roberto, que vive en Trobajo del Camino.
A la vuelta, y tras dar buena cuenta de las viandas porque el hambre apremiaba, entre bocado y bocado se extraen las primeras reteladas. Los cangrejos al verse fuera del líquido elemento, alzan sus pinzas en señal de protesta, e intentan pillar las “zarpas” de los humanoides, aunque sin fortuna. Roberto y José Luis, son expertos y tienen maña a la hora de sacarlos al cubo.
Les recuerdo que hay que tener cuidado con ellos porque la mayoría de las denuncias efectuadas por la guardería o el SEPRONA son por transportar los cangrejos vivos, algo que no se puede. Ellos me contestan que no me preocupe que, aunque de momento están vivos dentro del caldero, antes de salir serán sacrificados. ¿Cómo?
Me dicen que hay varios métodos pero el mejor es el de cocerlos allí mismo y así evitan que se pudran en el transporte, dado que hace mucho calor y se avecina tormenta. Ésta acaba apareciendo, y los reteles dejan de dar piezas. ¡Qué sabia es la naturaleza!
Para entonces ya se había realizado la faena y tampoco hay que ser exagerados. Hay muchos días por delante para poder continuar gozando de la pesca del cangrejo, y no es necesario terminar con ellos el primer día.
Les pregunto si han visto a más pescadores por la zona. Me dicen que no, que ese encuentran solos y felices. ¿Y la guardería? Nada de nada, me apuntan, “por aquí no ha aparecido ni el lucero del alba”, me escribe Roberto.
Con la recogida de bártulos porque la tormenta está próxima, se despiden del río Cea una vez atravesado el puente y se disponen a parar en uno de los bares del pueblo para tomar un pequeño refrigerio antes de partir para León.
Atrás, además de las ruinas del castillo de Cea con sus almenas, allá en lo alto, dejamos una jornada real y virtual de pesca, donde hemos gozado de lo lindo. Dos de los personajes de una manera real, Roberto y José Luis, otro, que soy yo, de una manera virtual pero no por ello menos real porque al cerrar los ojos les he estado viendo en el mismo lugar en el que estuvimos años atrás, con la misma sonrisa y satisfacción de haber gozado en plena naturaleza y de la amistad. Lo peor es que yo me quedo con el mal “regustillo” de no haber catado los bocatas. Un abrazo amigos y que a ustedes les aproveche porque, lo que es a mí, ni siquiera los voy a probar con esa salsa picante tan rica que prepara el propio José Luis. ¡Otro año será!